martes, 24 de junio de 2014

El español en números

Coincidiendo con la festividad del día de la lengua española, el Instituto Cervantes ha hecho público el anuario El español: una lengua viva, informe 2014. Los datos que se dan a conocer son ilusionantes. Destacamos los siguientes:

-El español es la segunda lengua del mundo por número de hablantes y el segundo idioma de comunicación internacional. El númerode hispanohablantes sigue creciendo y se cifra en 548 millones (470 millones lo tienen como lengua materna)
-En 2014, el 6,7% de la poblaciòn mundial es hispanohablante, porcentaje que destaca por encima del correspondiente al ruso (2,2%), al francés (1,1%) o al alemàn (1,1%).                                                                                          
 -En la actualidad se estima en 20 millones el número de alumnos que estudian español como lengua extranjera.
-Es la tercera lengua más utilizada en la red y la segunda en Facebook y Twitter.
-Compartir el español aumenta un 290% el comercio bilateral entre los países hispanohablantes.
-El español genera el 10% del PIB mundial.







lunes, 28 de abril de 2014

Generalidades sobre la gramática en el nivel A

Os dejo un interesante artículo  de Clara Miki Kondo sobre una serie de aspectos fundamentales a tener en cuenta a la hora de enfrentarnos a la gramática en los niveles iniciales de aprendizaje de una lengua extranjera. No tiene desperdicio.


UNA GRAMÁTICA POR NIVELES

Una gramática pedagógica que atienda a las necesidades del destinatario tiene que ser una gramática por niveles.

La gramática por niveles  debe ser progresiva y  los contenidos  se deben tratar dentro de un proceso evolutivo. En un enfoque progresivo, la mayor parte de los contenidos no se agota en un nivel específico, sino que se va “arrastrando” a lo largo de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. Es decir, no solo se realiza una selección de los contenidos para cada nivel, sino que cada contenido se gradúa también por niveles, de tal manera que se produzca un efecto de bola de nieve o de castillo de naipes: sobre una base inicial se va construyendo el contenido gramatical nivel por nivel.

Por lo tanto, muchos contenidos se tratan en todos los niveles. Otros, evidentemente no. Por eso a la hora de abordar un contenido gramatical hay que tener en cuenta cuándo se va a presentar (en qué nivel) y cuándo se agota (en qué nivel). Habrá contenidos que se presenten en el nivel A y terminen en el nivel A (los menos), contenidos que se presenten en el nivel A y se agoten en el nivel B, contenidos que se presenten en el nivel A, continúen en el B y terminen en el nivel C y contenidos que ni siquiera se presenten en el nivel A.

Identificación de las dificultades de la gramática en español

Antes de abordar plenamente el nivel A, detengámonos unos instantes a reflexionar sobre las dificultades que presenta la gramática del español, para posteriormente analizar cuáles de estas dificultades son propias del nivel A. Si pensamos en los grandes fantasmas que persiguen al aprendiente del español nos vienen a la mente contenidos como: el subjuntivo, los tiempos del pasado, el pronombre “se”, ser y estar, las preposiciones (por ejemplo, el contraste entre por y para)…

La cuestión es por qué son tan problemáticos estos contenidos, si es que realmente lo son, pues a veces somos nosotros los que hacemos un problema de lo que no lo es.

No siempre podemos llegar a entender por qué el no nativo tiene tantas dificultades en aprender un contenido gramatical que en apariencia a nosotros nos resulta sumamente sencillo. Recordemos lo que ya sabemos: la adquisición no depende solo del grado de dificultad, digamos que cada contenido tiene su momento. Sería estupendo que la Teoría de la Adquisición nos ofreciera más datos fidedignos al respecto para poder hacer una programación perfecta y acorde con cómo y cuándo se adquiere cada cosa, pero desafortunadamente hoy por hoy sabemos poco y debemos guiarnos por nuestras intuiciones como hablantes nativos, nuestro conocimiento de la lengua y, si la tenemos, nuestra experiencia docente. No nos debe llevar a la frustración que un aspecto debidamente tratado y practicado, sobre el que hemos vuelto veinte veces o más no acabe de “calar hondo” en nuestros alumnos. No es que ellos sean unos incapaces o unos holgazanes y tampoco es que nosotros seamos unos fracasados, a veces, simplemente, sucede que la mente de nuestros destinatarios no está preparada para adquirir ese aspecto y, a lo mejor pasará tiempo hasta que lo adquiera. Por mucho que repitamos una y otra vez los pronombres personales átonos del español, les veremos cometer errores hasta en el nivel C, y es normal. Esto no quiere decir que abandonemos, sino todo lo contrario, cuanto más input y más retroalimentación, más fácil será que se encienda esa chispa que lleve a la adquisición.

Ahora bien, nuestra experiencia y/o la de otros que nos preceden nos muestran que hay contenido que a priori presentan grandes dificultades y en muchos casos podemos dilucidar por qué.

Retomemos lo que ya hemos aprendido acerca de las dos vertientes de todo contenido gramatical: su forma y su uso. Pensemos en dónde radica la dificultad: ¿se debe a cuestiones formales o se debe a cuestiones de uso? ¿O quizá tanto la forma como el uso sean un problema? 

Criterios para seleccionar y secuenciar contenidos

Ya hemos visto que saber identificar dónde radica la dificultad de un contenido gramatical tiene muchas aplicaciones pedagógicas, entre ellas, ayuda a seleccionar y secuenciar los contenidos. El criterio de la dificultad siempre se ha tenido en cuenta a la hora de establecer una selección y un orden en la presentación de los contenidos: sobre aquello que es más sencillo vamos construyendo estructuras más complejas.

Ahora bien, el criterio de la dificultad no es el único ni necesariamente el prioritario. Existen otros igualmente importantes:

1. Frecuencia de uso

Consiste en seleccionar los contenidos que se usan con más frecuencia en la comunicación, no aquellos que son más sencillos.

2. Rentabilidad

Conviene no confundirlo con el anterior. Consiste en seleccionar y secuenciar los contenidos de acuerdo con lo rentables que sean en el uso. Es decir, si un contenido de gramatical es complejo pero me sirve para muchas funciones y por lo tanto es muy rentable, lo trataré primero que un contenido más sencillo y que no sea tan polivalente.

3. Necesidad del hablante

Naturalmente, lo ideal es hermanar todos los criterios, puesto que todos son útiles y válidos. Sin embargo, no olvidemos que estamos en un enfoque comunicativo, por lo tanto, por encima de cualquier criterio, el que preside todo es el criterio de las necesidades del hablante. Hay que privilegiar aquellos contenidos que mejor satisfagan las necesidades comunicativas del hablante. Es por ello por lo que generalmente comenzamos las clases con formas de saludos, despedidas y presentaciones, ya que suelen ser las primeras necesidades comunicativas de los alumnos. 


¿Cómo suplir la ausencia de contenidos en el nivel A?
Pero si ya tienen que empezar a comunicarse con los recursos que se les da y el nivel A tiene muchos menos contenidos gramaticales que el resto de los niveles. ¿Cómo se puede suplir esa carencia y hacer que lleguen a comunicarse? Lo primero que hay que entender es que en este nivel, la gramática está, pero muchas no de forma explícita, sino que se enseña de forma implícita. Tengamos en cuenta que la mayor parte de las funciones comunicativas son universales (no todas, porque algunas dependen de cuestiones culturales): en todas las lenguas nos saludamos, en todas expresamos nuestros sentimientos, nuestros gustos, y contamos lo que estamos haciendo, lo que hemos hecho, lo que vamos a hacer… Lo interesante es que se pueden lograr grandes objetivos con “pequeños” recursos.
Sí que les tenemos que ofrecer recursos útiles, veraces y rentables (recordar las características de una gramática pedagógica). El problema que a veces se plantea es cómo transmitir una regla, cómo explicar una regla y que entiendan la explicación. Por supuesto que se pueden dar reglas sencillas y claras, pero no olvidemos que tienen que ser auténticas.

Un riesgo de este nivel es crear reglas “ad hoc”, sumamente simplificadas, que luego se contradicen con la regla más amplia que vamos a proporcionar después. Hay una idea bastante generalizada de que todo vale para este nivel mientras produzcan lo que queremos que produzcan. Esto es sumamente peligroso, puesto que en su interlengua van a crear una regla que luego, aunque queramos, difícilmente podremos desmontar. Si ello no es posible o se convierte en algo excesivamente complicado, no demos la regla, enseñemos la gramática “léxicamente”. Enseñar la gramática de forma léxica, supone prescindir de una explicación gramatical y hacer que aprendan los contenidos prácticamente como aprenden las entradas léxicas o el vocabulario.



 Bases para el análisis y el tratamiento de la gramática en el nivel A, curso de formación de profesores del Instituto Cervantes.

domingo, 29 de septiembre de 2013

¿Listados o intercambios?

Desde hace años existen pequeños manuales de conversación pensados para estancias cortas en el extranjero. Estos manuales suelen contener listas de enunciados agrupados según la función comunicativa que pueden llevar a cabo en situaciones determinadas como en el aeropuerto, el bar, la estación, el hotel, etc
En cambio, en libros de texto pensados para el aprendizaje sistemático de una lengua, es habitual que aparezcan ejemplos de conversaciones completas a través de audios, lecturas, imágenes y no sólo de listas de enunciados.
A la pregunta de cómo resulta más útil enseñar las funciones comunicativas creo que, sin lugar a dudas, a través de intercambios comunicativos. Los listados resultan útiles a veces pero, si no están bien contextualizados, pueden parecer ambiguos. Recordemos que muchos enunciados pueden desempeñar diferentes funciones dependiendo del contexto en el que se produzcan. La forma de un enunciado, condiciona en cierto modo su interpretación. Con los intercambios comunicativos el enunciado aparece contextualizado y su función mas clara, pero tienen que ser situaciones reales de habla.
Otro hecho a tener en cuenta en el aula es el de los intercambios verbales breves, derivados de situaciones sociales muy estereotipadas en los que la emisión de un enunciado iniciativo va ligado a una reacción muy concreta. Cualquier variación importante causa extrañeza y podría malinterpretarse.


Las interferencias pragmáticas.

En cada módulo del curso se abordan los contenidos no sólo a través de actividades formativas, sino que también hay lecturas obligatorias sobre la temática en cuestión. Dejo un breve resumen del artículo Las interferencias pragmáticas de Victoria Escandell.



Gramática y pragmática son dos perspectivas independientes y diferentes de abordar la comunicación verbal, eso no implica que sean opuestas, en todo caso complementarias porque, aunque los elementos de índole sociocultural resulten ajenos a la lengua como estructura en sí, ejercen sobre ella una importancia determinante y, sin atender a estos factores el proceso comunicativo no se podría entender. Las interferencias pragmáticas son un ejemplo del peso que ejercen estos elementos extralingüísticos sobre el habla. Podrían definirse como transferencias a la lengua objeto de aprendizaje de los hábitos verbales de la lengua materna, y pueden dividirse en pragmalingüística (si utilizamos fórmulas propia de otras lenguas) o sociopragmáticas (si trasladamos percepciones sociales y expectativas de comportamiento). En cambio, aquellas transferencias que se hacen de elementos estrictamente lingüísticos, por ejemplo de léxico o de carácter morfosintáctico, se conocen como interferencias gramaticales. Estas interferencias gramaticales suelen manifestarse en un modo más evidente que aquellas de caracter pragmático que, no sólo resulta dificultoso identificar, también son mas difícil de corregir y acarrean mayor confusión.
Son pues, aspectos a tener presente a la hora de afrontar la clase de ELE, que nos ayudan a reflexionar a la hora de identificar, corregir o evitar ciertos hábitos.

Las fórmulas convencionales

En relación con lo visto en la anterior entrada convendría destacar un fenómeno interesante, a tener en cuenta en la clase de lenguas extranjeras. Dentro de una comunidad, los hablantes tendemos a utilizar fórmulas mas o menos fijas para la comunicación cotidiana. En cada lengua existen frases de uso frecuente que se han convertido en formas habituales de expresar algo que no corresponde a su sentido más literal. Este tipo de expresiones se denominan fórmulas convencionales.

A continuación se nos propone analizar dos actividades y responder a las siguientes preguntas:

¿En cuál de las dos actividades tienen los alumnos mayor libertad expresiva? En la actividad B, en primer lugar, porque no delimita las fórmulas a utilizar y no hay una respuesta única, en segundo lugar, porque permite que se intercambien los papeles afrontando diferentes funciones.
¿Cuál es la mejor para aprender a realizar peticiones en español? Esta cuestión es relativa. La actividad A resulta útil para aprender una fórmula concreta, la B en cambio, parece simular una situación comunicativa real y amplía el campo de posibilidades del alumno, que debe considerar el grado de cortesía derivado de cada situación.
¿Permiten las dos actividades valorar si el alumno saber formular peticiones de manera adecuada? La actividad A permite valorar si el alumno sabe formular una petición concreta, en base a una fórmula gramatical fija y en una situación determinada. La actividad B es más abierta y resulta más útil para valorar la adecuación de una petición en función al contexto en el que se producen.
¿Utilizaría en clase las dos actividades, solamente una o ninguna? ¿Por qué? Particularmente, no descartaría ninguna de las dos. Actividades del tipo A pueden servir para practicar fórmulas concretas en el aula, aunque a la hora de ver si realmente el alumno realiza la función correctamente dentro de su contexto me decantaría por actividades más abiertas.



Funciones, exponentes y nociones.



Cuando utilizamos la lengua para comunicarnos lo hacemos con unos objetivos que son los que constituyen la función comunicativa de los enunciados que emitimos. Estos enunciados, que no frases, son el instrumento lingüístico del que nos servimos para el cumplimiento de la función y reciben el nombre de exponentes. Una misma función comunicativa puede efectuarse con diferentes exponentes funcionales dependiendo de la situación, el registro, el destinatario, etc. De este modo,  la función comunicativa pedir un objeto podría realizarse con exponentes del tipo: ¿Me dejas el lápiz? o no tengo con qué escribir…  
 Por otro lado, estos enunciados contienen una serie de conceptos que se expresan fundamentalmente a través del léxico y que denominamos nociones. Éstas pueden ser generales si aparecen frecuentemente para hablar de temas muy diferentes o específicas si se refieren  a temas muy concretos. Así pues, funciones, exponentes y nociones se convierten, para los enfoques comunicativos, en unidades básicas en torno a la cual organizar la programación de unos contenidos que se gradúan y organizan en diferentes niveles de aprendizaje en función de las capacidades del alumno.